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Guía

Cómo calcular el costo por minuto de tu planta

El costo por minuto es el denominador de casi todo lo que decides sobre una prenda: qué pedido aceptas, qué operación conviene reforzar y cuánto te cuesta de verdad una hora perdida. La fórmula cabe en una línea; lo que casi todo el mundo hace mal está en el divisor.

Actualizado el · 5 min de lectura

La fórmula, en dos variables

El costo por minuto se calcula igual en cualquier planta: el costo total del turno dividido entre los minutos disponibles de ese mismo turno. Dos variables y una división. Lo que cambia de una planta a otra, y lo que hace que dos plantas parecidas lleguen a números muy distintos, es qué decides meter arriba y qué decides contar abajo.

Conviene fijar el período antes de tocar nada. El cálculo se hace por turno, no por mes: un mes mezcla turnos de distinta duración, días con paro y semanas con horas extra, y el resultado deja de servir para decidir nada concreto. El turno es la unidad que coincide con lo que pasa en el piso y con la meta por hora que ya usas.

También conviene fijar el alcance. El costo por minuto de la planta entera sirve para cotizar; el de un módulo sirve para operar. Son dos números distintos, se calculan igual y responden preguntas diferentes. Si solo vas a calcular uno, calcula el del módulo: es el que puedes comparar contra el ritmo de una operación.

Qué entra en el numerador del turno

El numerador es lo que cuesta tener el turno abierto, produzca lo que produzca. La regla práctica para decidir si algo entra: si lo pagas igual con la línea encendida y sin trabajo, entra. Si solo lo pagas cuando sale la prenda, es un costo de material y va por otro lado, no dentro del minuto.

El error más común es dejar fuera todo lo que no sea el personal de la línea. Un minuto de turno también sostiene la supervisión, el mantenimiento y el espacio donde está la máquina. Si eso no entra, el minuto sale barato y cualquier decisión que tomes con él queda sesgada hacia aceptar trabajo que no deja margen.

  • El costo del trabajo del personal de la línea durante el turno, con sus cargas y prestaciones.
  • La supervisión, el mecánico y el personal indirecto que sostiene el módulo mientras corre.
  • La energía, el mantenimiento y la depreciación de las máquinas asignadas.
  • El espacio: la parte del inmueble que ocupa el módulo, con sus servicios.
  • Los insumos que se consumen por tiempo y no por prenda, como los consumibles de máquina.

Los minutos disponibles no son los minutos del turno

Aquí está la parte que casi todo el mundo hace mal. El divisor no es la duración del turno multiplicada por el número de operarios. Es lo que queda de eso después de restar el tiempo en que la operación no podía producir aunque el operario estuviera presente: los descansos, el almuerzo, la reunión de arranque, el cambio de referencia, el paro de máquina.

La diferencia no es menor. Un turno tiene tramos completos en los que nadie puede producir y que igual se pagan; meterlos en el divisor reparte el costo entre minutos que nunca existieron. Sale un costo por minuto más bajo que el real, y todo lo que se calcule encima —el costo de la prenda, la cotización, el margen esperado— hereda ese error sin que nada avise.

Restar bien exige saber cuánto duraron esos tramos, y ahí el cálculo deja de ser aritmética y pasa a ser medición. Un descanso está en el horario y se resta solo; un cambio de referencia o un paro de máquina hay que haberlos registrado mientras ocurrían. Si nadie los anota, el divisor termina siendo una estimación amable.

El error que abarata el minuto y el que lo encarece

Los dos errores tiran en direcciones opuestas y los dos duelen. Inflar el divisor, contando como disponibles minutos que no lo estaban, abarata el minuto y te lleva a aceptar pedidos que no dejan margen. Al revés, restar de más deja el minuto caro y te saca de cotizaciones que sí podías tomar sin apretarte.

El segundo error tiene una versión sutil: restar los minutos en que la operación estuvo parada por falta de trabajo. Eso no va en el divisor. Un minuto ocioso es un minuto disponible que se desperdició, y esconderlo abajo lo vuelve normal en lugar de convertirlo en algo que se corrige.

El criterio que separa los dos casos es simple: se resta el tiempo en que la operación no podía producir, no el tiempo en que no produjo. Descanso y almuerzo se restan porque estaban previstos. Una espera de corte no se resta: se ve, se mide y se ataca, porque ese es exactamente el minuto que quieres recuperar.

Calcularlo por módulo antes que por planta

Un costo por minuto de planta es un promedio de módulos que trabajan con máquinas distintas, referencias distintas y grados de balanceo distintos. Sirve para dirección y para negociar, pero no señala nada: no dice qué línea sostiene el número ni cuál lo arrastra hacia abajo.

Calculado por módulo, el mismo número empieza a hablar. Puedes comparar módulos entre sí, ver cuál tiene el divisor más castigado por paros y cuál corre con menos interrupciones, y decidir dónde vale la pena intervenir primero. Es la misma división hecha con el alcance en el que de verdad se toman las decisiones.

Hecho así, el costo por minuto deja de ser un ejercicio anual. Si tu planta registra la producción por operación y por hora, el divisor se actualiza con la realidad de cada turno en vez de con lo que se supuso a principio de año. Un costo por minuto vivo es lo que permite que el costo por prenda sea un dato y no una estimación.

Un costo por minuto confiable depende de saber cuántos minutos estuvo produciendo cada operación, y eso se registra en el piso: con un software que mide el minuto en el piso el divisor sale de lo que de verdad pasó en el turno y no de un supuesto que nadie volvió a revisar.

Empieza a medir tu propia planta

Carga un módulo con sus operaciones y su meta por hora, y mira el cumplimiento con tu producción real desde el primer turno.