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Guía

Cómo calcular el costo por prenda

El costo por prenda no es el gasto del mes repartido entre lo que salió: es la suma de los minutos que cada operación puso en esa prenda. Esta guía arma ese número desde el piso y explica por qué el retrabajo lo mueve mucho más de lo que la hoja de cotización deja ver.

Actualizado el · 5 min de lectura

De los minutos de la operación al costo de la prenda

El costo por prenda se arma con dos piezas. Los minutos que cada operación necesita para su parte de la prenda, y el costo por minuto del módulo donde se produce. Multiplicas los minutos de una operación por ese costo por minuto y tienes lo que la operación aporta; sumas todas las operaciones de la referencia y tienes la prenda.

El material va aparte y por unidad: tela, avíos, empaque. Se suma al final y no dentro del minuto, porque no se consume por tiempo sino por prenda. Mezclar las dos cosas es el atajo que vuelve el costo imposible de auditar, porque después nadie sabe qué parte se movió cuando el número cambia.

Lo que hace útil este armado es que cada sumando tiene dueño. Si el costo de una referencia sube, no subió la planta en abstracto: subió una operación concreta, y sabes cuál es. Un costo por prenda que no se puede abrir operación por operación sirve para cotizar una vez y no sirve para mejorar nada.

Sumar operaciones en vez de promediar la planta

La alternativa que se usa en muchas plantas es dividir el gasto del mes entre las prendas que salieron. Es rápido y da un número que parece razonable. El problema es que no pertenece a ninguna prenda en particular: reparte por igual la referencia difícil y la sencilla, y las dos terminan mintiendo en direcciones opuestas.

Cuando la planta corre varias referencias a la vez, que es lo normal en una maquila, el promedio pasa de impreciso a engañoso. La referencia con más operaciones y más minutos termina subsidiando a la corta, la cotización de la corta se ve mejor de lo que es y acabas tomando más de la que menos deja, con el promedio dándote la razón.

Sumar operaciones evita eso porque respeta el hecho básico: cada prenda consume los minutos que consume. Exige tener el tiempo de cada operación, que es trabajo real, pero es un trabajo que se hace una vez por referencia y después se corrige contra lo que mide el piso, en lugar de quedarse congelado en la hoja donde se escribió.

Por qué el promedio de fin de mes miente

Aun corriendo una sola referencia, el promedio del cierre esconde algo peor: mezcla las prendas que salieron bien a la primera con las que costaron el doble de minutos. Devuelve un costo intermedio que no le corresponde a ninguna de las dos y que, sobre todo, no señala dónde está la diferencia entre ellas.

También mezcla horas. Un módulo que sostiene la meta las primeras horas y la pierde siempre después del descanso produce prendas con costos distintos según la hora en que salieron. El promedio del mes lo aplana en un solo número y te deja sin ver que hay una hora del día en la que tu prenda cuesta sistemáticamente más.

Y llega tarde por definición. Un costo por prenda que se conoce al cerrar el mes ya no puede cambiar el mes que se cerró, y cuando empieza el siguiente vuelve a no saberse hasta el final. La única forma de que sirva para decidir es que se arme con minutos registrados a medida que se producen.

Qué le pasa al costo cuando una operación se retrabaja

El retrabajo es donde el costo real se separa más de la hoja de cotización. Una pieza que vuelve atrás consume dos veces los minutos de la operación que la rehace, y muchas veces también los de las operaciones que venían después, porque hay que volver a pasar por ellas. Todos esos minutos entran en la misma prenda.

Y rara vez se anotan como retrabajo. Se registran como producción normal de quien rehízo la pieza, así que el módulo aparece con más minutos trabajados y las mismas prendas buenas. El costo por prenda sube y ninguna línea del reporte dice por qué: la causa está en el piso y el número que la delata aparece en el cierre.

Por eso conviene que el registro separe la pieza rehecha de la pieza nueva en el momento en que se hace. Con esa distinción el costo se abre en dos: lo que cuesta producir la prenda y lo que cuesta el retrabajo que llevó encima. Sin ella, el retrabajo se paga completo y se reporta como si no existiera.

Un costo por prenda que aguanta una cotización

Un dueño de planta cotiza contra este número, y ahí deja de ser un asunto interno. Una cotización armada sobre un promedio es una apuesta: si la referencia trae más operaciones o más retrabajo del que el promedio suponía, el pedido entra con el margen comprometido desde el primer día y nadie se entera hasta el final.

Un costo armado por operación aguanta la conversación. Puedes decir cuántos minutos consume cada paso, de dónde salió ese tiempo y qué cambia si la referencia se modifica. Y cuando el cliente pide bajar el precio, sabes qué operación tendría que salir más rápido para que el número cierre, en vez de apretar de forma pareja todo el módulo.

El requisito, otra vez, es que los minutos existan como dato antes de que alguien los necesite. Si el operario registra su producción por operación contra la meta de su hora, los minutos de cada referencia se acumulan solos y el costo por prenda pasa de ser un proyecto de fin de mes a ser una consulta.

Para que el costo por prenda salga de minutos reales y no de un promedio del cierre, lo primero es medir la productividad de tu planta módulo por módulo: con la producción registrada por operación y por hora, cada prenda queda con los minutos que de verdad consumió.

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