Guía
Qué es el control de piso en confección
El control de piso es el registro de lo que pasa en el piso de producción mientras pasa: cuánto se produjo en cada operación, quién lo hizo, cuándo y qué lo detuvo. En confección se lleva con hojas, tickets de bulto, lectores o un sistema de piso, y la diferencia entre unos y otros está en quién pone el dato y cuándo llega.
Actualizado el · 5 min de lectura
Del plan a la línea: para qué sirve el control de piso
El plan de producción dice qué se debería producir; el control de piso dice qué se produjo de verdad. Entre los dos está la capa de información que permite pagar el trabajo, saber cuánto falta de cada pedido y calcular lo que costó cada prenda.
Casi toda planta de confección lleva algún control de piso, aunque no lo llame así: la hoja que el supervisor llena cada hora, el pizarrón de producción junto al módulo, los cupones que se despegan del bulto. Lo que cambia de una planta a otra no es si se registra, sino cómo, quién lo hace y cuánto tarda el dato en llegar a quien decide.
Esa distancia es la que importa. La diferencia entre el plan y lo producido es donde se pierde el margen, y un registro solo ayuda a recuperarlo si el dato llega mientras todavía se puede hacer algo con él.
Qué registra un control de piso
El detalle cambia de una planta a otra, pero los datos de base son casi siempre los mismos. Con ellos se paga el destajo, se sigue el pedido y se arma el costo de cada prenda:
- Las piezas que salieron de cada operación, por operario y por módulo.
- La orden, la referencia o el bulto al que pertenecen, para saber cuánto falta de cada pedido.
- El tiempo: en qué hora se produjo cada cosa y contra qué meta.
- Los paros y las esperas: cuándo una operación dejó de producir y durante cuánto tiempo.
- El retrabajo: las piezas que volvieron a una operación y que no deben contarse como producción nueva.
Cómo se lleva el control de piso: papel, tickets, lectores y MES
El método más común sigue siendo el papel. El supervisor anota cada hora lo que lleva cada operación, o el operario llena una hoja que alguien suma al final del turno. Es barato y no depende de nada, pero el dato llega cuando alguien lo recoge, y pasa por al menos una transcripción antes de convertirse en un número comparable.
En muchas maquilas el registro viaja con el bulto. Cada paquete de piezas cortadas lleva un ticket con un cupón por operación, y el operario despega el suyo al terminar. Los cupones se juntan en una hoja y se cuentan para pagar el destajo: el método sirve para la nómina y para seguir el bulto, pero el conteo llega al final del día o de la semana.
El paso siguiente es leer esos tickets con un lector de código de barras en cada estación, o conectar las máquinas a un sistema que cuenta solo. En la industria eso se llama un MES, un sistema de ejecución de manufactura, y es lo que la mayoría encuentra cuando busca «software de control de piso». En hilatura, tejido o tintorería, donde la máquina marca el ritmo, contar desde la máquina tiene todo el sentido.
En la costura por módulos el ritmo lo marca la persona. Un lector acerca el dato, pero lo registra por bulto, cuando el paquete termina la operación, y lo que el operario ve de su propio avance depende de cada sistema.
Dónde se queda corto el control de piso tradicional
El problema casi nunca es la exactitud: es el momento. Un registro exacto que llega al día siguiente describe un turno que ya no se puede corregir. El minuto se pagó, la hora se perdió y lo único que queda es explicar por qué.
El segundo problema es de dirección: el dato se toma desde afuera. Lo levanta el supervisor, lo cuenta la oficina o lo lee un aparato, y el operario, que es quien podría corregir la hora, ve su avance tarde o no lo ve. Un control así funciona mientras alguien ronda la línea para que se llene, y en el piso se siente como un control sobre la gente.
Ninguno de los dos problemas se arregla con más registros. Se arreglan cambiando quién registra y en qué momento se mira el dato.
Cuando el operario registra contra la meta de la hora
La alternativa es invertir la dirección: que el operario registre su propia producción en el momento, contra una meta por hora que tiene a la vista. El dato deja de levantarse desde afuera y empieza a salir de quien produce, y la comparación contra la meta ocurre dentro de la hora, no al cierre.
Así funciona Fluenta. El operario registra lo que va terminando con un toque en una app, en un teléfono o una tableta, y un semáforo le dice si va al ritmo de la meta. El tablero de cada módulo recibe el registro en el momento y, con el Plan Pro, proyecta cómo va a cerrar la hora. El supervisor atiende donde el semáforo lo pide, no donde le toca la ronda.
Fluenta no lee máquinas ni escanea tickets. Si tu proceso lo marca la máquina, o si necesitas seguir cada bulto por su ticket, un MES o un sistema de lectores resuelve eso mejor. Si lo que necesitas es enterarte a tiempo de que un módulo no va a cumplir, la meta y el registro tienen que estar en el mismo lugar, en manos de quien produce.
Qué control de piso necesita tu planta
Tres preguntas separan las opciones más rápido que cualquier lista de funciones:
- ¿Quién marca el ritmo, la máquina o la persona? Si es la máquina, conviene contar desde la máquina; si es la persona, el registro tiene que estar donde está ella.
- ¿Para qué vas a usar el dato, y cuándo? Para pagar la nómina basta un conteo semanal; para corregir la hora, el dato tiene que llegar dentro de la hora.
- ¿Quién ve el dato primero? Si lo ve primero la oficina, el control llega tarde a la única persona que podía corregir la hora mientras corría.
Si lo que buscabas era saber cómo va cada hora mientras todavía se puede corregir, mira cómo trabaja un software de control de producción para confección en el que el operario registra contra la meta de la hora y el tablero recibe el dato en el momento.